Mucho se está hablando estos últimos tiempos de una revolución energética. El fracking es uno de los términos que suena con fuerza en este campo. Pero, ¿qué es el fracking? El fracking o fracturación hidráulica es una técnica de extracción de gas y petróleo basada en la perforación en vertical y a continuación en horizontal (es una perforación en forma de L), por la que se introduce agua a presión con arena y productos químicos que ayudan a evacuar el gas intersticial (poros y fisuras), de las rocas en las que se encuentra. Esta nueva técnica permite extraer volúmenes de combustible enormes de zonas inaccesibles en el pasado a un precio muy competitivo, de modo que está suponiendo una revolución a nivel mundial en materia energética.
Es en Estados Unidos donde se están explotando estos yacimientos de gas de manera más intensa, de manera que han conseguido que su energía primaria esté siendo un baluarte para su posicionamiento comercial mundial ya que los costes energéticos de su industria se han reducido un 40% en estos últimos años. Además, en un corto espacio de tiempo, Estados Unidos será autosuficiente energéticamente y será un exportador de gas a terceros países.
¿Y qué sucede en Europa mientras tanto? Pues que nuestros gobiernos han optado por prohibir o regular la utilización de esta técnica por considerar que atenta contra el medio ambiente debido al alto consumo de agua, que contamina los acuíferos y la atmósfera, que incrementa la actividad sísmica, etc. Además nuestra dependencia del gas ruso, que cuesta tres veces más que el americano, está perjudicando gravemente la posición europea en los mercados.
En España, en los últimos años, el incremento de los costes de la energía está ocasionando un empeoramiento de la competitividad de nuestras empresas. En los últimos cinco años el precio medio de la electricidad se encareció en un 65% y el del gas natural un 93%. Comparados con otros países europeos nuestra factura energética es un 30% más cara que en Francia por poner un ejemplo.
Es obvio que tenemos que atajar este problema para hacer resurgir un tejido empresarial que se ha visto reducido estos últimos años, que es el pilar de nuestra economía y la única solución para combatir el desempleo. La reducción de costes nos hará más competitivos y nos ayudará a mejorar por tanto nuestra balanza comercial. La implantación de fracking de manera controlada y normalizada puede ser una de las medidas para tratar de atacar el problema.
Rosa Peña, directora general técnica de Vía Célere
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