La energía solar fotovoltaica es una fuente de energía que produce electricidad de origen renovable y que se obtiene a partir de la radiación solar mediante un dispositivo semiconductor que se llama célula fotovoltaica. Esta energía se usa principalmente para producir electricidad a gran escala.
La energía solar fotovoltaica no emite ningún tipo de polución durante su funcionamiento y contribuye a evitar la emisión de gases de efecto invernadero.
Aunque el efecto fotovoltaico era conocido desde el siglo XIX fue en la década de los 50 cuando comenzaron a experimentar gran desarrollo.
En sus inicios, eran utilizados para suministrar electricidad a satélites geoestacionarios y hoy día constituyen una tecnología de generación eléctrica y renovable.
Es una fuente de energía limpia y renovable que utiliza la radiación solar para producir electricidad.
El proceso consiste en convertir la luz solar en electricidad empleando una tecnología basada en el efecto fotoeléctrico.
Es un tipo de energía renovable, inagotable y no contaminante que puede producirse en instalaciones que van desde los pequeños generadores para autoconsumo hasta las grandes plantas fotovoltaicas.
La principal desventaja es que su producción depende de la radiación solar, por lo que, si la célula no se encuentra alineada al sol se pierde entre un 10 y 25% de la energía incidente.
Gracias a los avances tecnológicos, la sofisticación y la economía de escala, el coste de la energía solar fotovoltaica se ha reducido de forma constante desde que se fabricaron las primeras células solares comerciales aumentando así su eficiencia y logrando que su coste medio de generación eléctrica sea competitivo con las fuentes de energía convencionales.
Es muy importante tener presente que esta energía es renovable, inagotable y no contaminante, por lo que, contribuye al desarrollo sostenible. Esta energía es un sistema adecuado para zonas rurales o aisladas donde el tendido eléctrico no llega o difícil su instalación.
Hay dos tipos de plantas fotovoltaicas, las que están conectadas a la red y las que no.
Encontramos dos clases:
Estas instalaciones con conexión a la red cuentan con tres elementos básicos: paneles fotovoltaicos, inversores y transformadores. En línea con el compromiso en la lucha contra el cambio climático es una forma de apostar por energías limpias y renovables y avanzar así hacia un modelo de negocio sostenible y seguro.
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